CVXURUGUAY Comunidad de Vida Cristiana

A propósito de la visita de Alwin… un testimonio comunitario

Agradecemos a Santiago Freire por acercarnos estás líneas, motivadas por la visita de Alwin a la CVX Uruguay.

Tenemos entre 20 y 23 años, arrancamos con entre 18 y 20. Llevamos un año “oficial” como CVX. Somos una comunidad bebé (pre-comunidad) dando nuestros primeros pasos, recién adentrándonos en el mundo de la CVX. Con Vale trabajando ahí, en la secretaría, y nuestra delegada cada día mas enamorada de todo tenemos una pequeña ventaja.

En el tiempo que llevamos juntos realmente nos hemos ido conociendo. No todos compartimos todo, ni del mismo modo ni al mismo ritmo, pero parte de nuestro carisma es la transparencia. Para bien o para mal sabemos leer el rostro del otro, sabemos cuándo algo anda mal o algo de lo que se comparte no nos cierra. Y esto tiene su lado positivo. Recuerdo una vuelta el año pasado en la que alguien compartía una cosa sobre un discernimiento y se le dijo: “Pero fulanit@ siempre haces lo mismo, antes de compartir ya tomaste la decisión, pero siempre le seguís dando vuelta a las dudas” y eso sin dar una respuesta mágica ayudo a ver un patrón en la forma de ser de una persona y en la forma de discernir de la misma.

Tenemos el don de la risa y las sonrisas, llegamos riendo y nos vamos sonriendo. Pero no es todo fiesta, es increíble como pasamos con total naturalidad del revuelo y las carcajadas al momento de la reunión, el compartir y la oración. No “como si fuera lo más natural del mundo”, siendo lo más natural del mundo. Hoy en día diría que la imagen de nuestra pre-comunidad es la de Jesús amigo. Compañero.

Pero también estamos descubriendo nuestras debilidades. Alguien compartía que su comunidad se junta cada 15 días en la casa de alguno y alguien preparaba algo para compartir. Por lo general nosotros siempre tenemos algo para compartir, comemos muy bien, no podemos quejarnos. Pero hemos descubierto que podemos llevar adelante encuentros preciosos sin asesores si estamos en la parroquia, si nos reunimos solos en la casa de alguien arrancamos compartiendo y cuando queremos darnos cuenta ya elegimos a donde pedir comida y discutimos sobre quien llama salvo que usemos “pedidos ya”. Es divertido. Y hasta tierno ir descubriendo estas cosas también, a veces nos creemos re grandes y estas pequeñas cosas ayudan a darnos cuenta que nos queda mucho por caminar. Y si quedará: otra persona compartía que hace 4 años que no tienen asesor, nosotros, aunque a veces no lo queramos admitir todavía precisamos una mano de la que agarrarnos. También somos un grupo muy cariñoso, Carito no solo es el tercer año que camina junto a nosotros, sino que hemos compartido momentos realmente importantes con ella, la partida de Eduardo la sentimos y ya nos encariñamos con María.

A veces llegamos tarde, a veces no todos cumplimos con la pauta que nos quedó para la semana, pero salvo alguna excepción siempre o casi siempre estamos todos. Y nos molesta que alguien falte, no por irresponsabilidad (aunque si, un poco sí) pero sobretodo porque hay un deseo enorme de compartir con esa persona. Con todos. Quizás esta sea hoy una gran fortaleza y una debilidad importante. Nuestro compromiso es la CVX pero hoy el corazón está puesto y jugado a estos compañeros. Hay una pura experiencia de comunidad. De encontrar y compartir a Jesús en y con los otros. Con estos otros jóvenes similares y tan distintos que también son amigos e hijos de Dios.

Quedan virtudes y debilidades a seguir descubriendo, algunas no las escribí y de otras seguramente no me haya dado cuenta, hay grandes gestos de cariño y cosas que de repente a veces no colaboran, pero sentado al lado de Alwin, el Secretaría Ejecutivo del CVX Mundial que nos visitó días atrás, y escuchando a los más grandes, que en su mayoría eran más GRANDES, solo podía seguir agradeciendo y confirmando esta opción por la CVX, por la vida en la iglesia y por mis compañeros de camino.

Comunidad

Comunidad de la Parroquia San Ignacio, 2016. Asesores: Caro Ramos y María Langwagen

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