CVXURUGUAY Comunidad de Vida Cristiana

Gloria y Victoria

Lecturas correspondientes al 30 de octubre – Domingo XXXI del Tiempo Ordinario A

Primera Lectura: Malaquías 2, 2-10
Salmo: 131
Segunda Lectura: 1Tesalonicenses 2, 7-13

Evangelio: Mateo 23, 1-12

“Los escribas y fariseos ocupan la cátedra de Moisés; ustedes hagan y cumplan todo lo que ellos les digan, pero no se guíen por sus obras, porque no hacen lo que dicen. Atan pesadas cargas y las ponen sobre los hombros de los demás, mientras que ellos no quieren moverlas ni siquiera con el dedo. Todo lo hacen para que los vean: agrandan las filacterias y alargan los flecos de sus mantos; les gusta ocupar los primeros puestos en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, ser saludados en las plazas y oírse llamar ‘mi maestro’ por la gente. En cuanto a ustedes, no se hagan llamar ‘maestro’, porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos. A nadie en el mundo llamen ‘padre’, porque no tienen sino uno, el Padre celestial. No se dejen llamar tampoco ‘doctores’, porque sólo tienen un Doctor, que es el Mesías. Que el más grande de entre ustedes se haga servidor de los otros, porque el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado”.

“Gloria y Victoria” – Homilía de Nathan Stone sj

Quien se enaltece, será humillado, y quien se humilla será enaltecido. Mateo 23:12

Los perritos en las aldeas indígenas viven un poco a la deriva. No son mascotas propiamente. Había tres cachorros durmiendo en un montoncito en suelo afuera de la capilla el fin de semana pasado cuando nos levantamos al alba para la asamblea. Tenían como seis semanas, y eran rubios, color arena, de tal forma que pasaban camuflados, ahí en medio de todo. La perra era agresiva para defenderlos, pero se había ido a buscar algo para comer.

Uno de los tres tenía un hoyo en la cadera. Parecía poca cosa, una lesión menor, pero había moscas. Al día siguiente, amaneció el mismo montoncito, pero el cachorro con el hoyo no se levantó. Se había muerto durante la noche. Los otros dos le ladraban para que se levantara, pero sin efecto. Su hoyo se había agrandado, y tenía moscas hasta adentro.

Al llegar a la próxima aldea, preguntaron si pudiéramos pasar por la capilla, porque estaban velando a dos niñitas. Yo andaba de short, pero fuimos igual. El indio no te mira la ropa. Apurados, porque venía la lluvia. Sobre el altar de madera en la capilla de barro con techo de paja, dos ataúdes blanquitos que parecían de muñeca. Y algunas velas.

La madre, una mujer adolescente en su primer embarazo, ya pasado su octavo mes, empezó a tener síntomas de pérdida. Ella no sabía qué le pasaba, y el padre de las niñas no sabía qué hacer. No daba para que nacieran ahí en casa, como es la costumbre con parto normal, pero ya era tarde para llegar al hospital en la ciudad. Los funcionarios de la posta de salud no respondieron. Como los cachorros, estaba a la deriva.

Las perdió. No aguantaron la crisis. No hicieron la transición entre el regazo acogedor del vientre materno y el mundo cruel donde hay que respirar y comer y defenderse. La madre les puso por nombre Gloria y Victoria. Gloria estaba en el cajoncito a la derecha, y Victoria, a la izquierda. Son nombres de resurrección. Pasaron de amparo maternal directamente al abrazo del Padre, sin jamás tentarse con grandezas ni arrogancias. Las humilladas fueron enaltecidas.

Su madre seguía internada, recuperándose. Las tías, las primas y la abuela se preocuparon de las niñas. Para encomendarlas. Hicimos algunas oraciones, Padre Nuestro y bendición. Se oscureció y comenzó a llover con fuerza. Nos fuimos, y la comunidad se encargó de enterrarlas al día siguiente, según los ritos de su tradición originaria.

Gloria y Victoria no alcanzaron a nacer porque, para muchas personas, ellas son menos importantes que otros niños. No alcanzaron a vivir porque hay protocolos, trámites y procedimientos que deben ser respetados. No pudieron conocer el amanecer y el atardecer del día primero porque las autoridades están más preocupadas de ser saludados en las plazas. No probaron comidas ricas ni jugaron con sus amigas porque la deferencia ante la jerarquía importa más que el bienestar de los pequeños.

Pasaron desapercibidas por este mundo, sin recibir más consideración que los cachorritos camuflados en el suelo arenoso. La vida les enseñó su primera lección y fue la más dura. Gloria y Victoria nacieron entre quienes no cuentan. Para el mundo. Para Dios, sí.

¿Acaso no es uno sólo el Padre de todos? ¿Acaso no fuimos creados por él mismo? El que las recibió con su ternura de papá coloca también delante del pueblo una advertencia, que no vuelva a suceder. La ley, el orden, la formalidad y el protocolo están al servicio de la gente, en especial, de los más pequeños. Hoy por hoy, como fariseos, tenemos todo al revés.

CVX URUGUAY

Comunidad de Vida Cristiana © 2017

Circo