CVXURUGUAY Comunidad de Vida Cristiana

Jesucristo Rey del Universo


Primera Lectura: Ezequiel 34, 11-17
Salmo: 23
Segunda Lectura: 1 Corintios 15, 20-28

Evangelio: Mateo 25, 31-46

Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria rodeado de todos los ángeles, se sentará en su trono glorioso. Todas las naciones serán reunidas en su presencia, y él separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos, y pondrá a aquellas a su derecha y a estos a su izquierda. Entonces el Rey dirá a los que tenga a su derecha: ‘Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo, porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron;
desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver’. Los justos le responderán: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos de paso, y te alojamos; desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o preso, y fuimos a verte?’. Y el Rey les responderá: ‘Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo’. Luego dirá a los de su izquierda: ‘Aléjense de mí, malditos; vayan al fuego eterno que fue preparado para el demonio y sus ángeles,
porque tuve hambre, y ustedes no me dieron de comer; tuve sed, y no me dieron de beber; estaba de paso, y no me alojaron; desnudo, y no me vistieron; enfermo y preso, y no me visitaron’. Estos, a su vez, le preguntarán: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, de paso o desnudo, enfermo o preso, y no te hemos socorrido?’. Y él les responderá: ‘Les aseguro que cada vez que no lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, tampoco lo hicieron conmigo’. Estos irán al castigo eterno, y los justos a la Vida eterna”.
Nathan Stone sj

Vengan, benditos de mi Padre, y tomen posesión del reino que ha sido preparado para ustedes… Porque tuve hambre y ustedes me dieron de comer; tuve sed y ustedes me dieron de beber. Fui forastero y ustedes me recibieron en su casa… Estuve en la cárcel y me fueron a ver. Mateo 25:34-36

Llegando al final de semestre, los profesores nos encontramos con el deber de elaborar un examen universal para nuestros alumnos. A conciencia, el profe procura crear un instrumento que objetivamente distingue entre los alumnos que dominan la temática, y los que, todavía, no.

El tiempo no da para preguntar todo. Además, no es la idea. Hay prioridades, y parte de la disciplina es poder reconocerlas. Hay preguntas que invitan a sintetizar el conjunto de los conocimientos y destrezas. Si el alumno puede responder a esas, es evidente que sabe.

Algunos colegas caen en el vicio de preguntar detalles rebuscados, desconectados e inútiles, para entrampar a los inocentes. No es necesario memorizar todo. La comprensión es más que almacenamiento de datos sueltos. Los libros de consulta van a continuar existiendo. Un buen examen comprueba quienes ya piensan como expertos en la temática. Un examen tramposo no distingue entre expertos e neófitos, sino entre afortunados y chicos con mala suerte. No prepara para ejercer una profesión, sino para jugar a la lotería.

El examen final en el Reino de Dios tiene una sola pregunta. Es más, ya sabemos cuál es. El Señor de la Vida va a preguntar por la solidaridad. Esa es la prueba de fuego para un discípulo.

A Cristo, no le interesa la puntualidad ni los modales. No va a preguntar por la forma de vestirse ni por la manera de hablar. No le importa el cumplimiento de los procedimientos parroquiales. No le urge el rigor del derecho sacramental, ni el ayuno cuaresmal ni la asistencia al culto. No va a preguntar si se sabe los diez mandamientos, los siete dones del Espíritu Santo y las catorce plagas que Moisés invocó sobre los egipcios. No le importa si sabe sonreír y participar de la hipocresía institucional para asegurar favores futuros. De ninguna manera. El Reino de Dios no es un favor concedido a los mimados. Es la herencia propia de los solidarios.

Aunque, juzgando por las prioridades aparentes en la formación cristiana, muchos creen que Dios está obsesionado con los detalles. Y nada más. Hemos creado una religión complicada y tramposa que en nada se parece al Reino que Jesús proclamó sanando a los enfermos, alimentando a los hambrientos e incluyendo a los excluidos. Hemos transformado su solidaridad con el necesitado en una actividad ocasional para el provecho espiritual (o el entretenimiento) de la vanguardia avanzada. En el Reino, la solidaridad es la vida.

Por lo demás, hemos neutralizado la solidaridad con selectividad moralizante. Hay movimientos que se dedican a formar círculos cerrados donde entran puros santos. La solidaridad genuina no es selectiva. El cristiano no pasa por la vida escogiendo con quién va a ser solidario, y con quién, no; juzgando quién merece conocer el amor incondicional del Padre, y quién, no; especulando sobre quién ha sido realmente llamado a servir a Cristo en su Reino, y quién, no.

El pobre es Cristo. El más insignificante, el que menos merece, el que no tiene como devolverte ningún favor, el que puede arruinar tu prestigio por asociarte con él; ahí está la prueba de vida nueva, vida resucitada, vida del Espíritu Santo en el corazón del discípulo.

El cristiano auténtico da testimonio activo del amor solidario que arde en el pecho de su Rey Universal. Quienes aman como él ama ya entraron en el Reino. Existen los sacramentos, las oraciones y todo lo demás para preparar el examen; para aprender a amar así.

CVX URUGUAY

Comunidad de Vida Cristiana © 2017

Circo