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Sabiduría


Primera Lectura: Sabiduría 6, 12-16
Salmo: 63
Segunda Lectura: 1 Tesalonicenses 4, 13-18

Evangelio: Mateo 25, 1-13

Por eso, el Reino de los Cielos será semejante a diez jóvenes que fueron con sus lámparas al encuentro del esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco, prudentes. Las necias tomaron sus lámparas, pero sin proveerse de aceite, mientras que las prudentes tomaron sus lámparas y también llenaron de aceite sus frascos. Como el esposo se hacía esperar, les entró sueño a todas y se quedaron dormidas. Pero a medianoche se oyó un grito: ‘Ya viene el esposo, salgan a su encuentro’. Entonces las jóvenes se despertaron y prepararon sus lámparas.
Las necias dijeron a las prudentes: ‘¿Podrían darnos un poco de aceite, porque nuestras lámparas se apagan?’. Pero estas les respondieron: ‘No va a alcanzar para todas. Es mejor que vayan a comprarlo al mercado’. Mientras tanto, llegó el esposo: las que estaban preparadas entraron con él en la sala nupcial y se cerró la puerta. Después llegaron las otras jóvenes y dijeron: ‘Señor, señor, ábrenos’, pero él respondió: ‘Les aseguro que no las conozco’. Estén prevenidos, porque no saben el día ni la hora.

Nathan Stone sj

La Sabiduría es luz y no se opaca; se muestra con gusto a los que la aman, se deja encontrar por los que la aman. Sale al encuentro de los que la quieren conocer; el que por ella se levantó temprano, casi no tendrá que esforzarse: la hallará sentada a su puerta. Sabiduría 6:12-14

Por carácter, el cristiano suele ser un poco conservador. Es un hombre dueño de sí, coherente y estable. Es una mujer íntegra, constante y valiente. Se preocupa de la norma, la seguridad y el procedimiento. Sin embargo, el conservadurismo no es la esencia del discipulado de Cristo. ¿Cuál es ese fuego esencial que ilumina el corazón del seguidor auténtico?

Jesús dice a los suyos, quien quiere conservar su vida, la perderá; y quien se entrega, perdiendo la vida entera, la salvará. El discípulo adopta la liberalidad de Maestro. Regala la vida por los demás, convirtiéndose en generosidad encarnada, como Jesús mismo en la cruz, con su costado abierto, dando la vida entera por todos.

Esta complejidad del cristiano, conservador de tradiciones, perseverante en la fe, pero generoso hasta la imprudencia en el amor a Dios y al próximo, es un enigma para muchos. El tradicionalismo político y cultural suele utilizar la parábola de las lámparas encendidas para justificarse. Creyendo imitar a las doncellas previsoras, que guardan aceite suficiente para esperar la llegada del novio, no dan de lo suyo a los que necesitan. Su cristianismo es una lucha defensiva, ideológica e individualista. Su comunidad es cerrada, sin nada para ofrecer a los de fuera. Se obsesionan con la estabilidad, porque entienden todo cambio como peligro. Piensan que su tesoro es algo íntimo que no se debe compartir.

Malinterpretaron la parábola. Jesús envía a proclamar la Buena Noticia como derroche de amor incondicional hasta los confines de la tierra. Envía a sanar enfermos, expulsar demonios, y compartir el pan con el hambriento. Ser cristiano significa tomar riesgos. En nada se parece al quietismo ansioso de los que predican estabilidad, rigidez y control.

La sabiduría divina nos abre los ojos para descifrar el enigma. Para seguir a Jesús, se requiere constancia e integridad. La lámpara encendida es el sentido que no flaquea, el compromiso incondicional, la pasión encendida por el Reino de Dios. Es urgente conservar ese vínculo fundamental con el Señor. Es imprescindible conservar la enseñanza recibida, pero esa enseñanza es la compasión universal y gratuita. Es necesario vivir con la lámpara encendida, añorando la llegada de Novio, Jesús mismo, la plenitud de nuestra esperanza.

Esa añoranza es el motor de la generosidad de los santos que dan todo por los que más necesitan. Si nuestro fuego estuviera encendido, si nuestra lámpara estuviera sobre un candelero y no debajo de un canasto, cómo cambiarían las cosas en este mundo. Si los discípulos de Cristo, movidos por el Espíritu Santo, se dejaran llevar por la justicia y la compasión, veríamos grandes movimientos en la tierra como en los cielos. Queremos que llegue el día aquel, la fiesta del novio, la victoria definitiva del Reino de amor.

El amor es un tesoro que curiosamente acrecienta al gastarse. Se trata de quemarse hasta el límite en el servicio de los demás. La entrega da sentido. Dar amor con abandono y largueza abastece la reserva para amar a futuro. La frialdad de lámparas apagadas ahoga la compasión con su mezquindad. La chispa esencial, la luz constante que no se apaga, es alimentada por la fe, la esperanza y la caridad. El amor hace perseverar amando. Cuando suenen las trompetas, que el Novio nos encuentre inflamados por completo en su compasión.

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